El poder de la diversificación

 

Cuando se habla de inversiones, inmediatamente se hace referencia a dos palabras asociadas fuertemente a ellas: rentabilidad y riesgo. Es la apropiada construcción de un portafolio de inversión, lo que permite al inversionista lograr sus objetivos financieros, y para hacerlo la diversificación es clave.

Diferentes tipos de activos financieros pueden generar impactos y resultados diferentes en las inversiones. Y es ahí donde el concepto de diversificación cobra mucha relevancia: una inversión única puede tener una rentabilidad potencial muy alta; sin embargo, al no estar diversificado se puede estar incurriendo en un riesgo grande; por el contrario, a veces tratando de “no tener riesgos” o de tener el mínimo riesgo posible, el inversionista deja pasar oportunidades para potencializar su portafolio.

De esta manera, es que la diversificación busca generar los mejores resultados posibles de un portafolio de inversión, dado un nivel de riesgo; o de alcanzar una rentabilidad objetivo con el menor riesgo posible. Para lograr esto, se recurre a invertir en diferentes tipos de activos, con diferentes características, como pueden ser plazos de vencimiento, pago de cupones (en el caso de los bonos) o de dividendos (en el caso de las acciones), moneda de inversión, país de la inversión, por citar algunos. La combinación de estos activos, con sus diferentes características, es lo permite buscar un portafolio diversificado y que permita cumplir con los objetivos de inversión propuestos. 

Así cuando hablamos de diversificación, hablamos de mitigar el impacto de cualquier riesgo particular, a la vez de buscar que se potencialice la inversión: riesgo de mercado, de jurisdicción, de divisa, activo, de manera que proponemos que el inversionista diversifique los diferentes riesgos, para que ante eventos adversos de cualquiera de las variables mencionadas anteriormente, el impacto negativo sea el menor posible. 

A través de la diversificación el inversionista puede acceder a inversiones denominadas en una divisa diferente a la de su país de residencia, de manera tal que ante eventos de depreciación de la moneda local, no pierda la capacidad adquisitiva en dólares norteamericanos (por citar un ejemplo); o también puede invertir en activos que mitiguen el impacto de procesos inflacionarios, como los bienes básicos o el sector inmobiliario; o acceder a inversiones que se avizoran con un potencial muy interesante en los próximos años, como Robótica o Ciberseguridad; por citar solo algunos casos particulares donde la diversificación cumple un rol clave en todo el proceso de inversión.

Dentro de la teoría más pura de inversiones, un portafolio diversificado —claro está, dependiendo de la tolerancia al riesgo de mercado y perfil de inversión de cada inversionista—, expuesto a diferentes niveles y clases de riesgo, y que mitigue los impactos de diferentes variables a lo largo del tiempo, es clave en el logro de los objetivos financieros.

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